11 de noviembre de 2026
Una farmacia no es una tienda. Y la del hospital, esa que el paciente no pisa nunca, se parece más a un laboratorio en el que hoy trabajan robots.
María Andrés Picazo ha ejercido la farmacia en los dos lados, y en este orden: se licenció por la Complutense en 1981, hizo el FIR aquel mismo año y se formó como especialista en el Hospital Infantil Niño Jesús, donde siguió como adjunta hasta el año 2000. Entonces se puso al frente de su propia farmacia, en Velilla de San Antonio, y pasó dieciocho años detrás del mostrador. En 2018 volvió al hospital, al Universitario de Getafe, como responsable del área de elaboraciones y nutrición clínica.
Allí dirigió la modernización de esa área —las salas blancas que se inauguraron en 2021, de las más avanzadas de la Comunidad de Madrid— y la llegada del robot que prepara las mezclas intravenosas: unas setecientas por semana, cada componente identificado, cada preparación comprobada por peso y cada mezcla etiquetada antes de salir.
Se jubiló el mes pasado, después de cuarenta y cinco años de profesión. Llega a este programa con el oficio entero a la vista.
En nuestra conversación hablaremos de:
- Por qué una farmacia no es una tienda, y qué significa de verdad dispensar un medicamento.
- Qué es una farmacia de hospital: la que el paciente no ve, y donde se validan uno a uno, todos los días, los tratamientos de todos los pacientes.
- Qué cambia cuando entra un robot en el área de elaboraciones y empieza a preparar setecientas mezclas intravenosas por semana: seguridad, trazabilidad y lo que la máquina nunca podrá hacer.
- De dónde vinieron las resistencias al robot, que no fue de donde todos esperaríamos.
- Lo que más le preocupa de su profesión: que la farmacia de la calle y la del hospital sigan sin hablarse.
Cuarenta y cinco años de profesión, recién cerrados, para contarnos algo que casi nadie sabe: todo lo que le pasa a un medicamento antes de llegar a tus manos.